PALABRAS PARA SEGUIR ESCRIBIENDO

Lunes, 07 Enero 2019 00:00 Escrito por 

Lo digo con el menor de los disimulos y la menor de las vergüenzas: soy santiaguino, pero uno converso. En mi ciudad, donde prima la constante sensación de derrumbe cotidiano, fui encomendado hace exactamente un año para realizar una entrevista en Marchigüe. Apenas llegué fui increpado con cariño: “Hasta que te dignaste a venir a las colchaguas”, decían. Fui conociendo personas, y no gentes; llenas de aspavientos de cariño, plagados de orgullo clánico, llenos de gracia y buenos vicios. Me enamoré de esta tierra, no pude evitarlo.

 

Abandoné el trance egomaniaco citadino para hacer un profundo trasplante de raíz. Abrazo esta tierra cuya humanidad no se cosechan ovaciones, ni se juzgan vergüenzas hereditarias. Abrazo poder mirar con cálida ingenuidad los relatos que bullen entre mar y secano, entre secano y cordillera. Y aquel mirar pide registro fidedigno, ser cubierto, interpretado de la mejor manera posible; porque la riqueza de una historia parece, a menos que recorra ese alambicado trecho que permite que verbalidad y acción, gocen convirtiéndose en letra viva. Peperina debe su existencia a tales ejercicios; Peperina recuerda lo frágil y lo importante que es preservar trazos de memoria colectiva. Y es mi nueva casa editorial, donde yo escogí estar, donde decido honrar todo cuanto puedo observar.

Mis brindis y parabienes a la inmensidad y grandeza de las provincias de Colchagua, Cardenal Caro y Cachapoal, y a la grandeza que se expresa en su más grande patrimonio: el amor y lealtad contagiosos de quienes ponen sus pies en estos lares.

 

 

Álvaro Tello

Editor de Contenidos