SEBASTIÁN BISQUERTT: “BUSCAMOS UNA FORMA SINCERA DE REFLEJAR UN TERRUÑO”

Domingo, 06 Enero 2019 00:00 Escrito por 

La fragilidad de nuestra memoria a veces juega malas pasadas. Discrimina sucesos a elección, de cierta forma. Recordemos que Osvaldo Bisquertt junto a su familia, han sido pioneros en muchos aspectos. Fueron parte de los creadores de la primera Ruta del Vino en Chile y los primeros en poner sus ojos en Marchigüe, posicionando a esta zona en el mapa vitivinícola nacional y, por qué no decirlo, más allá de la frontera andina. Tras la venta de su histórica bodega, la segunda generación, comandada por su hijo Sebastián, hoy se reinventa, reconstruye y se plantea nuevos desafíos.

POR PATRICIO MORALES L. | FOTOGRAFÍA CLAUDIA MATURANA N.

 

Sebastián Bisquertt es dueño de una extraordinaria agilidad a la hora de contestar nuestras preguntas. No es menor crecer bajo el alero de una persona carismática y visionaria, como lo fue su padre, Osvaldo Bisquertt, uno de los hombres claves que ayudó a imprimir un sello de reconocimiento hacia el vino colchagüino, y a quien define como “un verdadero ‘cañón’, un hombre generoso, pero bravo”.

La continuidad de la tradición Bisquertt, actualmente va de la mano con nuevos puntos de vista. Eso se ha visto reflejado en una mejora sostenible en vinos como Q Clay y Ecos de Rulo Carménère. Sin embargo, en tierra de tintos, los blancos parecen captar la atención de Sebastián. “Me gustan los vinos blancos, idealmente del año. Creo que Chile tiene una deuda con ellos; pienso que debemos aprender a hacerlos para que duren más de un año, que evolucionen noblemente. En general, los blancos chilenos son muy expresivos, frescos, pero al transcurrir uno u dos años, comienzan a decaer. Influyen mucho la zona donde están plantados, la acidez y, evidentemente, la mano y visión del enólogo que lo vinifica”, señala.

Es inevitable escarbar en la historia de una de las viñas tradicionales de Colchagua, cuya historia se remonta a 1965. Sin embargo, es en 1977 cuando comienzan a vinificar sus propias uvas en la recién comprada bodega de Lihueimo, Palmilla.

Sebastián, ya son 40 años de historia. ¿Cuál es la carrera que hoy decide correr viña Bisquertt?

Vamos paso a paso, siempre con la convicción de salir a mostrar vinos con identidad, que sean atractivos para el consumidor. No sólo en vinos hemos ido cambiando y mejorando nuestro estilo, también por ejemplo, estamos en plena fase de implementación de nuestro plan comunicacional para posicionar nuestra marca La Joya, como “La Joya de Chile”.

Es una etiqueta emblemática y que recorre la memoria colectiva, sin duda alguna, pero ¿cuál es la razón este cambio?

Es mucho más que un cambio de etiquetas. Más bien se trata de un profundo cambio de arquitectura, de marcas, mediante el cual La Joya pasa a tener un grado de protagonismo mucho más relevante en el posicionamiento de Bisquertt. Con ello, queremos lograr ser un referente de la industria. Ciertamente es la marca que el público reconoce, probablemente más que Bisquertt. Con esto hemos vivido por muchos años, y ahora vamos a sacar ventaja. Por ejemplo, en Estados Unidos aún después de más de 20 años en el mercado, para muchos somos Viña La Joya.

Bisquertt Family Vineyards fue acreditada el 2015 por Wines of Chile con la certificación de su código de sustentabilidad para la industria vitivinícola chilena. ¿Qué significa o como dignifica ser orgánico hoy en día?

Nuestra especie está en deuda con el medio ambiente y ninguna compañía podría restarse –a esta altura– de ser sustentable, es decir, es un requisito mínimo de cara al trade y a los consumidores. El desafío actual va encaminado a ser cien por ciento orgánico, y el que no transite en esta dirección quedara, en muy poco tiempo, en franca desventaja. Ahora, esto no es sólo una herramienta de “marketing”, en lo absoluto, esto es como cambiar de dieta: lo haces para vivir muchos años y de forma sana, entonces se debe convertir en una forma de visualizar el viñedo.

Alberto Antonini es uno de los asesores enológicos cuya trayectoria es destacable, sobre todo por su trabajo con la familia Frescobaldi y en Alto Las Hormigas, en Argentina. ¿Qué podríamos destacar de su rol en Bisquertt?

Alberto Antonini está por cumplir su sexta vendimia con nosotros, y su rol ha sido fundamental para reforzar el concepto de vinos de terruño. Nuestra apuesta fue y seguirá siendo Marchigüe. Y tenemos una gran sintonía con sus ideas y de cómo debe ser el manejo del viñedo. Esto es sin químicos de síntesis que maten nuestros suelos, y que dejen de ser viñedos químico–dependientes. También nos influye en la forma de hacer vinos, lo que consiste en eliminar los excesos de cualquier tipo, como por ejemplo el abuso de la madera, y por supuesto en lo que buscamos: una forma sincera de reflejar un terruño. A todo esto suma la excelente química entre Felipe Gutiérrez, nuestro enólogo, y Alberto.

EL DESAFÍO ACTUAL VA ENCAMINADO A SER 100% ORGÁNICO, Y EL QUE NO TRANSITE EN ESTA DIRECCIÓN QUEDARÁ, EN MUY POCO TIEMPO, EN FRANCA DESVENTAJA.

Sobre el muy bullado enoturismo. El próximo año el Valle de Colchagua será sede del IV Congreso Mundial de Turismo Enológico. ¿Cómo pretende participar Bisquertt en este acontecimiento?

Es un hecho muy elogiable, puesto que se trata del resultado de un trabajo perseverante que por años ha venido realizando Viñas de Colchagua, asociación en cuya fundación Bisquertt tuvo un rol protagónico. Este Congreso Mundial pondrá a nuestro valle en primera línea y contribuirá de manera importante al desarrollo del turismo. Nosotros contribuiremos con todas nuestras energías para contribuir al éxito de este gran desafío que hemos asumido.

  

¿Cuáles son los porcentajes de ventas de Bisquertt, tanto en Chile como en el extranjero?

Es 15% de mercado interno y un 85% en exportación para más de 30 países y creciendo. La idea es siempre explorar y abrir nuevos mercados sin descuidar la casa, es importante que el consumo nacional aumente.

¿Qué está demandando el mercado internacional en cuanto a vinos?

Vinos francos, frescos, con tensión y energía, consistentes con la identidad del país, e idealmente, en concordancia con la gente que lo produce. Mientras más cariño y compromiso con la marca mejor. Aún hay demanda de vinos comerciales, eso es difícil que desaparezca, pero podemos considerarlo como puerta de entrada a vinos más interesantes, que reflejen su origen.

¿Cómo califica el momento actual de sus vinos íconos?

Uno nunca está completamente conforme, es más bien una autoexigencia que una demanda comercial. Ciertamente hemos logrado importantes avances, pero nuestro foco y negocio están aún en la base, principalmente en las líneas de La Joya.

Volviendo al que ha sido el emblema de Bisquertt, La Joya, que se ha popularizado casi como una marca independiente. ¿Cómo se proyecta de ahora en adelante?

Hoy en día es nuestra marca más reconocida, por ende, cuidamos ese nombre. Lo hemos honrado con mucho trabajo de campo, de suelos, de nuevas formas de elaboración. Nuestra nueva arquitectura consiste en una línea Gran Reserva, una Single Vineyard y un blend La Joya Q, todos de Marchigüe, y son vinos que llevan el sello del manejo natural del viñedo y de una vinificación simple, sin demasiada intervención. Felipe, el enólogo, y Jaime, nuestro viticultor, se han alineado con Alberto Antonini en el objetivo de conseguir vinos frescos, de mucho nervio, junto con la selección de suelos que logramos con la aplicación de estudios que duraron dos años, mediante los cuales conocimos la otra cara del viñedo, bajo tierra, aprendiendo que el perfil de suelo es fundamental para maximizar calidad, y que por lo demás, es lo que nunca cambia.

¿Nunca cambia?

Mira, los factores humanos, climáticos, comerciales, etc., son variables. Lo que existe bajo las parras nunca va a cambiar y debe ser nuestro principal activo. Luego hay que mantenerlo vivo, oxigenado, libre de contaminación para que salga a flote, sin obstáculos ni distorsiones. Este es el verdadero valor de un terruño.

ES MUCHO MÁS QUE UN CAMBIO DE ETIQUETAS. MÁS BIEN SE TRATA DE UN PROFUNDO CAMBIO DE ARQUITECTURA, DE MARCAS, MEDIANTE EL CUAL LA JOYA PASA A TENER UN GRADO DE PROTAGONISMO MUCHO MÁS RELEVANTE EN EL POSICIONAMIENTO DE BISQUERTT.