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Centro de Negocios Sercotec San Fernando: Grande o pequeña no importa, la viticultura crece

Los viñateros conocen el valor del tiempo y saben de los riesgos que aparecen vendimia tras vendimia. Cuidadosos en cada decisión a tomar, necesitan espaldas firmes a la hora de proyectarse. Con tal de brindar apoyo y seguridad, esta entidad abre sus puertas a pequeños y medianos productores, quienes pueden beneficiarse de asesoramiento gratuito, tanto para obtener herramientas, así como para llevar a cabo nuevas ideas que potencien su negocio.

POR ÁLVARO TELLO | FOTOGRAFÍA CLAUDIA MATURANA N.

Intuición y energía. Palabras simples a primera vista, pero que en manos de emprendedores se convierten en poderosos instrumentos. Provocan movimiento, fuerzan a innovar y apelar a todo ingenio posible. En tal ejercicio, muchas veces la improvisación comanda las decisiones, en reemplazo de una estrategia clara y su correcta ejecución.

Bajo este contexto, aprovechar el máximo potencial de estas ideas ha sido un propósito que conduce a esta institución. Sebastián Osorio M., Director Regional Sercotec O’Higgins, señala que “los Centros son parte de la oferta de servicios que Sercotec tiene en las distintas regiones. Es importante que nuestros emprendedores se acerquen, busquen nuestras asesorías y capacitaciones, pues dar ese ‘anhelado’ paso adelante requiere conocimientos y experiencia que, a través de estos espacios, les podemos brindar”.

En esta edición, revisaremos dos casos de asesoría, correspondientes a viñateros que buscan fórmulas de promoción de sus vinos y dan un impulso al turismo.

VIÑA FANOA: REFRESCANDO EL VALLE DE COLCHAGUA

Pequeñas producciones de esta zona muestran la riqueza de una viticultura a escala, marcada a pulso, que asume un discurso rico en contenido: cada vino es una historia, un saber y un hacer distinto. Uno de estos ejemplos, es el del enólogo Raúl Narváez, quien llega al Valle de Colchagua con un objetivo claro: buscar un terreno para montar una bodega y así dar rienda suelta al sueño del vino propio. En 2009, junto a su esposa Ángeles Ovalle, compraron un terreno en Placilla. Partiendo desde cero levantan el grueso de la obra.

En 2012, plantan un jardín de variedades, en alta densidad, para obtener menor rendimiento por planta. Eso significa calidad de fruta por sobre todo.

En apenas 2,3 hectáreas, vemos sus logros, encontrando cepas como Viognier, Pinot Planc, Garnacha, Montepulciano, Tempranillo, Petit Sirah, Sangiovese; y otras clásicas del valle, como Petit Verdot, Malbec, Carménère, Syrah y Cabernet Sauvignon.

Han puesto su empeño en una agricultura respetuosa de la biodiversidad y libre de fertilizantes, decidiendo desde el primer día establecer un viñedo orgánico y biodinámico, el cual es certificado por la organización alemana Demeter, encargada de auditar a nivel mundial esta condición.

Con 5.000 botellas anuales y con su primer blend a cuestas, Fanoa Seis Tintos 2016, Raúl contacta al Centro de Negocios Sercotec San Fernando solicitando asesoría. “Hace unos meses, nos comunicamos con ellos y hemos ido trabajando la siguiente idea: hacer difusión a nivel local, masificar en el medio la marca Fanoa y que ésta comience a sonar en el mercado”, destaca Narváez.

Parte de la estrategia de posicionamiento se justifica con creces, pues el proyecto familiar se encuentra en aras de aumentar su volumen. “Para el 2019, esperamos llegar a las 15 mil botellas”, proyecta el enólogo, líder de un proyecto que destaca por sus vinos marcados por la fruta y una exquisita profundidad.

VIÑA BORDE LAGO: VIÑEDO QUE MIRA A LAS AGUAS

La calma de Manuel Martín a ratos parece contagiosa. Y esa misma facultad está impresa en sus vinos. Asombra ver que en su pequeña bodega, ubicada a escasos metros del Lago Rapel, en Las Cabras, reposan botellas que esperan años para ser descorchadas. Piensen en un suave y jugoso Pinot Noir del 2012 o un liviano Syrah del 2015.

Este productor hereda el gusto por el vino de su padre, quien en un extenso parrón familiar ubicado en Ñuñoa, echaba mano a esas uvas para hacer algo de chicha y aguardiente. Manteniendo esa imagen, conoce la tierra de sus ascendientes. Mochila al hombro, contempla y se maravilla con el paisaje de Galicia, Logroño y Ribera del Duero. Observa las escasas dimensiones de los viñedos familiares, cuya extensión no superan las 3 a 4 hectáreas. “Vi lo que hacía mi padre, vi lo que hacían en España y quise hacer lo mismo, en un pedacito de terreno frente al Lago”, comenta.

Hace diez años decidió plantar cuatro variedades, en un solo cuartel: Cabernet Sauvignon, Carmenere, Syrah y Chardonnay. “Eran las que más me tincaban y con ellas ensayé. A medida que avanzaba, continuaba plantando”. Entonces, resuelve sumar nobleza, agregando una pequeña plantación de Pinot Noir. Ya con cinco mil litros a cuestas, este viñatero decide dar el siguiente paso.

Siendo miembro activo de la Cámara de Turismo de Rapel, recibe la invitación a informarse de los beneficios del Centro de Negocios Sercotec San Fernando. “Cuando me comentaron, yo quise estar ahí. Uno de mis vecinos tiene un restaurante, otro tiene un camping y yo tengo una viña. Entre todos queremos potenciar el turismo y gran parte de nuestro objetivo es que el turista viva una actividad distinta, que esté un día más en Rapel. Y que, por supuesto, mis vinos encuentren nuevos nichos y mercados. En esa tarea, el Centro ha sido clave para guiarnos y asesorarnos en el cumplimiento de nuestras metas”, comenta Manuel.

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