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Sociedad

Érase una vez… Por Dr. José Oyarce D.

“Imaginemos un cine como una gran caverna, con sus espectadores que han nacido y han vivido encadenados de piernas y cuello a su asiento, siempre mirando hacia el telón, donde observan atentos las sombras y escuchan los ecos que los señores dueños de este espacio se entretienen proyectando. Los encadenados, conformes con esas imágenes, dan por hecho que esta es su única realidad”.

Un mito, es una realidad develada a los ojos comunes. Velado en este caso, significa cubierto por capas o velos, con el fin de que el ojo inexperto aprecie sólo lo externo. Sin embargo, quien ha cultivado su conciencia, quien se ha familiarizado con la esencia de las cosas, entenderá esa verdad sustancial, importante para continuar avanzando en el despertar de la conciencia.

“Un día, uno de los encadenados siente la necesidad de buscar el origen de esa luz que se proyecta. Se da cuenta que proviene de ‘atrás’ e intenta girarse, pero nota firme sus ataduras con ese mundo vivido. Luego intenta nuevamente, una y otra vez, hasta que de pronto se siente libre de cadenas y puede iniciar la marcha hacia el origen de esa luz. Observa que está en lo alto, intentando escalar para apreciarla. Cae y sufre. Nuevamente intenta y resbala. Agotado en su esfuerzo, su voluntad puede más y logra, finalmente, subir y observar. Ooohhh!!… es la luz del sol que se filtra por un agujero.

Los amos de la caverna ríen detrás, viendo cómo los ignorantes esclavos siguen creyendo su farsa. Aquel que escaló, descubre que afuera de ella hay colores e imágenes, hay sonidos y no ecos. Es maravilloso, es otro mundo. Existe gente, gente sin cadenas. Sonríen, hay flores, hay perfumes”.

A través de los tiempos, cíclicamente se ha manifestado la conciencia humana espiritual. Se escribe, se relata en hojas de palmeras, en muros de piedra, en trozos de madera, en rocas. Ese magno conocimiento siempre ha estado ahí para todos nosotros. Sin embargo, como en los mitos “sólo los ojos preparados verán al maestro”, así también nuestros ojos materialistas ignorantes, sólo ven relatos ficticios de “gentes incultas”, menospreciando la madurez de algunas mentes especiales. Esos mismos grandes seres humanos, dejan la ruta marcada para que los nuevos hombres y mujeres sean capaces de recordar y reconocer el camino. Un carpintero verá muebles; un mecánico, fierros y engranajes; un médico, enfermedades… ¿A quién preguntar entonces sobre esta verdad sublime?

“Aquel que escaló y vio el origen de esa luz, no es capaz de guardarse para sí la experiencia. Su amor es tan grande, que por amor decide volver a la incómoda y oscura caverna a contar lo observado. Ese descubrimiento que desató algo en su interior, desencadenando la búsqueda de más colores, de más inquietudes que aclaren el vivir y morir.

“LOS AMOS DE LA CAVERNA RÍEN DETRÁS, VIENDO CÓMO LOS IGNORANTES ESCLAVOS SIGUEN CREYENDO EN SU FARSA. AQUEL QUE ESCALÓ, DESCUBRE QUE AFUERA DE ELLA HAY COLORES E IMÁGENES, HAY SONIDOS Y NO ECOS. ES MARAVILLOSO, ES OTRO MUNDO. EXISTE GENTE, GENTE SIN CADENAS. SONRÍEN, HAY FLORES, HAY PERFUMES”

Se acerca a tientas, confundido con esa oscuridad, al lugar donde vivió esa pseudo realidad, donde están sus seres queridos, sus amigos, sus parientes, sus compañeros de trabajo. ‘Eyyy! –les dice–, ésta no es la verdadera vida, no es la realidad. Existe allá atrás y arriba un mundo distinto, armónico, bello, justo, real, divino. En ese mundo están las verdaderas cosas, en ese mundo existe la felicidad, la paz.

 

Tristemente lo miran y no escuchan su voz. Su costumbre y comodidad no los deja pensar. Lo insultan, ‘eres un loco, desubicado, crédulo… ¿cómo se te ocurre que dejaremos estas cosas que nos han costado tanto esfuerzo? Esto es real, lo que tocamos, lo que vemos’”.

Platón, conocido maestro y filósofo, trasmitió estas enseñanzas en su magistral obra: “La República”, en el libro X. El lector inspirado podrá descubrir un sinnúmero de otros mitos de verdadera importancia entre sus páginas (El Mito de los metales, El Mito de las almas o Mito de Er, etc.). Este sabio de tremenda envergadura, es tan sólo un ejemplo de lo que tenemos por redescubrir.

Develemos la caverna donde vivimos, ese engaño que los amos, los dueños del poder y el dinero construyen a diario, burlándose a carcajadas tras bambalinas. Hay que ser idealista y valiente, no temer enfrentar lo maravillosamente desconocido. Hay que abrirse a descubrir el legado de esos pocos que abrieron su conciencia y que por amor volvieron a señalarnos el camino hacia un mundo nuevo, justo y feliz.

Responsabilidad de cada uno es vivir… o sobrevivir.

 

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