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Fotografía y vísceras: Los retratos de Wilson

El vino y su geografía son los tópicos que entrelaza la actual propuesta del reconocido fotógrafo británico residente en Colchagua hace más de una década. Su particular registro, configura una estética que puede impactar, emocionar, provocar o incomodar, pero jamás pasar inadvertida, siendo el género del retrato su temática predilecta.

POR PATRICIO MORALES L. | TEXTO MATÍAS SAN MARTÍN | FOTOGRAFÍA CLAUDIA MATURANA N., ARCHIVO MATT WILSON

“True Characters”, así se titula la serie del fotógrafo británico Matt Wilson, fascinado por capturar la esencia de los protagonistas de la industria del vino chileno y que corresponde a un registro que viene realizando desde su arribo a Chile, hace 15 años. Durante este periodo, ha inmortalizado, en monocromo y color, inusuales imágenes entre las que sorprenden importantes figuras de la industria, entre ellos, José Miguel Viu, Aurelio Montes, Luiz Allegretti, Carlos Cardoen, el enólogo Grant Phelps rompiendo una barrica con una motosierra; o el fiero rostro de Francois Lurton, propietario de la viña Hacienda Araucano.

Al momento de calibrar su cámara y enfocar su lente Canon, son sus viajes, la música, escenas de antiguas películas y obras pictóricas, las que circundan su mente para dar rienda suelta a su proceso creativo. También, las creaciones del estadounidense Richard Avedon, profesional de vasto prestigio durante el siglo XX, quien sería “el primero que implementó el movimiento y algunas historias en la fotografía de la moda. Sus retratos son la instantaneidad del carácter y la personalidad. Además, te enseña que nunca debes preocuparte por la opinión del sujeto fotografiado”, señala Matt.

Respecto a las nuevas tendencias fotográficas, muchas veces seguidas o instauradas por nuevos exponentes, el artista argumenta: “no sigo ninguna, pues para mí, una foto de Joseph Niépce, Robert Capa, Martín Parr o Sergio Larraín, siempre serán imágenes de calidad, sin depender de un formato”, lo que sustenta citando una frase de David Bowie, la cual indica que “si la gente te dice que tienes un estilo, es el momento en que necesitas cambiarlo”.

Viajero empedernido, su personalidad creativa se remonta a sus inicios en la fotografía, desde que convive y retrata en Francia a un pueblo gitano perteneciente de la zona de Camac, hasta su primera incursión laboral para una revista de música, en su natal Brighton, al sur de Inglaterra; experiencias que lo motivan a profesionalizarse en los inicios de los 90’, con estudios de impresión en blanco y negro, impartidos por el International Center of Photography, en Nueva York.

Terminado su periodo académico, se dedicó a recorrer Estados Unidos fotografiando tours musicales, instancia en la que trabaja con notables grupos de la escena del Hip Hop, tales como Mos Def, The Roots, Method Man, Redman y Common.

En 2001, su estadía en territorio norteamericano es interrumpida por el atentado a las Torres Gemelas, situación que lo impulsa a regresar a Londres donde monta su primera exposición, cuya curadora sería una chilena, Solange León, con la que establece amistad. Ella le presenta a su hermana, Andrea León, enóloga de viña Lapostolle, quien se transforma en su pareja y en el motivo de Wilson para trasladarse definitivamente hasta el Valle de Colchagua, donde viven junto a sus dos hijos, en una casa de campo rodeada de viñedos, en el sector de Cunaco.

Al momento de calibrar su cámara y enfocar su lente Canon, son sus viajes, la música, escenas de antiguas películas y obras pictóricas, las que circundan su mente para dar rienda suelta a su proceso creativo.

CHILE, HIS NEW HOME

La industria del vino se convierte en su nuevo ambiente, del cual “no sabía nada”, asegura el inglés. Pero gracias al entorno de su esposa, logra introducirse satisfactoriamente, consagrando importantes trabajos como el desarrollado con Grant Phelps, su íntimo amigo, a quien retrata con una inmensa sonrisa amplificada por una copa, con el que obtiene un importante reconocimiento en un concurso impulsado por la revista Decanter, en 2007. Asimismo, agrega a su trayectoria los premios de People in Pink Wine en 2015 y 2016, siendo el primero en el área en conseguir tal nombramiento.

De estos galardones, surgen más proyectos en el mundo vitivinícola que involucran, entre otras, a las viñas Viu Manent, Lapostolle, Montes y Viña Santa Cruz. Paralelamente, ha complementado su portafolio explorado lugares desde una perspectiva turística, tales son los casos de imágenes capturadas en el Valle del Elqui y en Punta de Lobos.
Al hacer un recuento de su vida en Chile, Matt argumenta sentirse a gusto en nuestro país, el que define como un lugar “acogedor, pues cada vez que visito la casa de un amigo chileno, se esmeran por brindarme las mejores comodidades. Me dan bastante comida y bebida (ríe), situación que no se da mucho en otras partes del mundo”.

Asimismo, revela otra de sus pasiones que trae consigo hasta el Valle de Colchagua, el skateboarding: de hecho, nos muestra una rampa que construyó para practicar en su hogar, confesándonos que “a mis 25 años, cuando vivía en Groenlandia, pasaba siete u ocho horas diarias sobre una patineta. Fue una época en la cual me convertí en rider y aún conservo parte de esa costumbre”, apunta.

Resuelto, espontaneo y visceral, Matt Wilson ha instalado en nuestro país el sello de su arte fotográfico, cuyos retratos por antonomasia vislúmbran el carácter oculto de sus temperamentos, pues encuentran allí, una oportunidad para expresarse libres, intensos y naturalmente.

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