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Punku: Portal hacia el espíritu del vino

Vivir la experiencia más allá del disfrute literal del producto. Así la viticultora Ana Salomó busca recrear los sentidos con su reciente creación, una línea de vinos que alberga una diversidad de atributos donde la naturaleza y el arte son verdaderos protagonistas. Una propuesta acotada pero no menos atractiva, que se suma a la creciente oferta de pequeñas producciones lideradas por mujeres colchagüinas, y que enhorabuena llegan a refrescar la esfera vitivinícola nacional.

POR CRISTINA ÁLVAREZ G. | FOTOGRAFÍA MATÍAS VALDÉS O.

Qué agradable es encontrarse con esos inspiradores relatos alrededor de la elaboración de un vino, esos que invitan a conocer proyectos mucho más allá de la evidente descripción técnica. Historias en donde no sólo se advierte la personalidad del producto, sino también de quién lo creó, y que además de venir a enriquecer la diversidad de la oferta existente, son una verdadera puerta de entrada a un mundo que, afortunadamente, muestra a esta bebida milenaria mucho más cercana, simple y unificadora.

Ya son casi 28 años de trabajo que esta agrónoma de la Pontificia Universidad Católica de Chile agrega a su experiencia. En su interés por esta área a través de la viticultura logra sumar vendimias realizadas en las bodegas Williams Selyem y Talisman de California, EEUU. En Chile participó en los equipos de las viñas Santa Rita, Miguel Torres, Santa Carolina, Quebrada de Macul, Porta y Estampa.

Casi a la par del vino, pero con características de hobby, la pintura rupestre cobra fuerza en la rutina de Salomó, época en que el concepto Punku ya la rondaba, pero sin encontrar un proyecto concreto en el que lo pudiese plasmar. “Surge hace 25 años y lo volví a retomar hace poco, después que salí de Estampa, fue cuando decidí recuperar todos mis diseños para empezar a darles mil colores”, relata la profesional. El escenario de la independencia –como a muchos de nosotros– es el que la obligó a reinventarse, momento en el que la idea de Punku regresa, pero ahora sí para encontrar tierra fértil.

Bajo este título nace su primera línea de producción a escala, queriendo sobre todo expresar su hábitat, rescatando al máximo características del origen. “Punku significa portal, es una palabra que está en lengua quechua y aimara. Bajo esta noción mi meta era reivindicar al arte rupestre, destacando a lo primario, a lo básico, a la sabiduría vista desde una manera más espiritual. Todo esto sumado a la experiencia del vino”, asevera Ana. Punku se compone de dos exponentes de la variedad Sauvignon Blanc, para el primero seleccionó uvas de un campo en Osorno buscando expresar un terroir alternativo, extremo y distinto. “Mi concepto va en mostrar a lo natural, pero desde perspectivas diferentes, destacando terruños que sean de calidad y que, desde luego, me entreguen un exponente de calidad”, agrega.

“Mi concepto va en mostrar lo natural, pero desde perspectivas diferentes, destacando terruños que sean de calidad y que, desde luego, me entreguen un exponente de calidad”

En tanto, Punku Paredones 2018, ganador de 94 puntos en VINAU, la primera guía de vinos de pequeñas producciones creada por Francisco Zúñiga, es un exponente más maduro, que inspira a aromas tropicales combinadas elegantemente con sutiles notas cítricas. En la boca se exhibe cremoso, consecuente con su origen donde prevalece una envolvente frescura muy característica de Colchagua Costa. “Mi proyecto está asociado al micro terroir y también a las micro vinificaciones. Yo elijo una selección de uva dentro del campo, por ejemplo de un sector que reciba brisa marina y el sol de la tarde, eso hace que la madurez de ese lugar sea por lo menos diez días más tarde que el resto del viñedo, es decir, más frío todavía y con un aporte mayor de acidez sobre todo si se trata de un año cálido”, asevera la viticultora.

Con ambas creaciones busca demostrar que la variedad Sauvignon Blanc sí tiene potencial de guarda y de evolución. “Punku 2017 ya lleva casi 2 años en botella y todavía tiene una frescura dada por su rica acidez. De primera era muy cítrico, pero después fue evolucionando y acomplejando en boca, algo que sólo puede estar asociado a un nivel de particularidad especial y que lo entrega la naturaleza”, comenta Ana Salomó. Su naciente portafolio de creaciones se alista a sumar vinos de cepas tintas, entre ellos un Syrah elaborado de una selección del cultivo que habita en un suelo de piedra mineralizada en descomposición con cuarzo. “Es roca madre de Marchigüe que se muestra al probar las uvas. Los sabores son diferentes, entregando vinos que tienen nervio y mayor carga tánica. Este suelo es rojo y presenta fierro, eso también le da más expresión frutal”, subraya.

Pero la idea de Punku no sólo se queda ahí, además considera unirse a proyectos turísticos donde por cierto el medioambiente será protagonista, principalmente rutas ligadas a circuitos de aves y humedales presentes en el sector de Santa Ana, en Marchigüe. “Al vivir aquí me gustaría participar del ecoturismo y del bioturismo. Es decir, propuestas que destaquen el terroir, donde se pueda ir al campo y revisar el suelo, aprender de calicatas o del manejo de viñedo asociado a un nivel de calidad. Ese es el espíritu del vino, traspasar las sensaciones que vienen del entorno natural y que se expresan al beberlo y disfrutarlo”.

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