Peperina
Titulares Un vino con

Naín Nómez ¡A la salud del poeta!

Enfrentarse a la computadora y aventurarse a redactar unas líneas sobre este reconocido poeta y académico, implica esperar el silencio de la noche, respirar profundo y tener plena conciencia de que se transcribirá la entrevista de uno de los escritores que componen el index de las figuras más relevantes de la literatura chilena contemporánea, testigo privilegiado de la cartografía de la poesía nacional y por supuesto, –como corresponde a todo hombre de bien, que se precie de tal– un gran amante y conocedor del vino.

POR PATRICIO MORALES L.PATRICIO ESPINOZA H. | FOTOGRAFÍA RODOLFO LERTORA

Nacido en Talca, hijo de padre árabe y madre chilena, la figura de Naín Nómez Díaz (1944) representa un emblema dentro de la literatura nacional. Profesor de Filosofía de la Universidad de Chile, Master of Arts de Carleton University y Ph. D. en la Universidad de Toronto, en Canadá. Ha sido profesor en la Universidad de Chile, en la Universidad Técnica del Estado, en Queen’s University de Canadá, California State University en Long Beach y la Universidad de California en Irvine, Estados Unidos y la Université de Poitiers en Francia.
Académico de prestigio internacional y robusta carrera, sus investigaciones y estudios literarios lo han posicionado –entre otros galardones– como uno de los mayores especialistas de la obra del poeta Pablo de Rhoka, Premio Nacional de Literatura en 1965 y considerado como uno de los “cuatro grandes” de la poesía chilena. Actualmente, es Profesor Emérito de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), casa de estudios donde se desempeñó como Profesor Titular desde 1985, luego de su regreso a Chile tras ser exiliado por la dictadura militar.

Entre sus publicaciones –un brevísimo resumen– destacan: Pablo de Rokha. Una escritura en movimiento, 1988; Pablo de Rokha. El Amigo Piedra, 1990; Historias del reino vigilado/Stories of a Guarded Kingdom. Edición bilingüe. 1981; Países como puentes levadizos. 1986; Burning Bridges. Canadá, 1987; Movimiento de las salamandras, 1999; Ejercicios poéticos para cocinar, 2012; Exilios de medusa, 2015, entre otros poemarios y antologías.

En su casa, de un particular barrio de Nuñoa, al fragor de las copas brindamos por su poesía, por su inmenso legado y por la dicha de tenerlo presente en este Vino con… iniciando una íntima conversación con un entrañable amigo de “la provincia”.

En el marco del aplastante poder de las redes sociales y la digitalización ¿cuál sería el papel constructivo-subversivo la literatura en las actuales circunstancias sociales y culturales?

Puede parecer extraño lo que voy a decir, pero no creo que el papel de la literatura cambie demasiado. Por otro lado, no sé cuál es el papel de la literatura, si es que tiene alguno. La literatura es, lo que quiere decir, no es algo otro. Existe desde que existe el lenguaje y el lenguaje existe desde que somos seres humanos como la única manera de crear comunidad. Y me refiero a todo tipo de lenguaje: oralidad, señas, pinturas, gestos y finalmente la lengua.

La comunicación es desde los orígenes literatura (jeroglíficos, dibujos, pinturas, geoglifos, petroglifos), porque a través de las imágenes y la imaginación enseña el sentido de las cosas, del mundo. Por lo tanto, es inherente al ser humano. Ahora, la escritura es un estado dentro de esos cambios que ha tenido el ser humano. Y la literatura se sitúa allí, pero su terreno, como dije antes, es más amplio. En ese sentido, se adaptará a los nuevos medios, que son sólo eso, medios. Pueden cambiar las formas de lo literario, pero la literatura seguirá allí diciéndonos lo que somos, mientras sigamos existiendo. Si quieres que sea más concreto, te puedo decir que habrá seguramente literatura digital y literatura brevísima en whatsapps, en spotcasts, en streaming, en facebook, páginas webs y todo lo que se invente comercialmente en el futuro.

¿Y la poesía en particular, Naín? Partiendo de la tristemente célebre sentencia de Adorno: «Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”.

No recuerdo en qué contexto la dijo y siempre hay que tener presente el contexto. Desde luego, después de los crímenes y el asesinato de millones de seres humanos por los nazis, cualquier mediación simbólica como es el caso de la poesía, parece superflua. Pero eso sólo es válido, a mi juicio, para ese momento histórico determinado y para alguien que se encuentra centralmente afectado por los acontecimientos del presente, que en ese momento era el holocausto, los hornos crematorios y los muertos sin defensa. Se podría poner el enunciado al revés: ¿cuántos poetas han muerto en el mundo ayer y ahora por defender con la poesía la libertad? ¿eso no es también un acto de barbarie? Pongo un ejemplo actual: estamos editando un libro de poemas y poetas palestinos de la Franja de Gaza que están escribiendo sobre la barbarie y lo que significa para la gente, mujeres y niños los ataques israelís hoy día. La mitad de esos poetas murieron con los bombardeos. ¿Acaso esos poetas no están escribiendo contra la barbarie?

Sigamos entonces en la poesía. A riesgo de majadería, ¿podrías aportarnos una brevísima relación, un panorama acotado de la poesía chilena actual?

Digamos que la poesía actual se monta sobre los hombros de los poetas que la antecedieron. En ese sentido, no existiría la poesía chilena sin los poetas del Modernismo–Mundonovismo de comienzos del siglo XX (por citar algunos, Diego Dublé Urrutia, Carlos Pezoa Véliz, Luis Rocuant, Teresa Wilms Montt), y tampoco sin las vanguardias, entre las cuales aparecen cuatro grandes: Huidobro, Mistral, Neruda y de Rokha. Pero hay muchos más: Díaz Casanueva, Eduardo Anguita, Winétt de Rokha, La Mandrágora, etc. Luego los poetas que emergen en los 50’ del siglo XX (Parra, Rojas, Teillier, Lihn, Stella Díaz Varín, Massís, Arteche, etc.) y los 60’ (los grupos Trilce, Arúspice, Tebaida, La Tribu No, Café Cinema, De los amaneceres), en provincia; La Escuela de Santiago, el Grupo América y muchos poetas individuales en Santiago.
Ya a partir de los años 70’ y 80’, podríamos estar hablando de poesía chilena actual, puesto que la mayoría de los poetas aun siguen vivos y escribiendo. Los iniciadores del movimiento más contemporáneo de la poesía chilena escribieron de manera secreta y sibilina como sería el caso de Juan Luis Martínez, Raúl Zurita y Juan Cameron, por citar algunos nombres en Chile y mucha poesía del exilio, como son los casos de Cecilia Vicuña, Gonzalo Millán y Oscar Hahn. A eso hay que agregar la promoción de mujeres que inicia sus publicaciones a mediados de los 80’, entre las que cabe citar de pasada a Carmen Berenguer, recientemente fallecida, a Eugenia Brito, a Soledad Fariña, a Rosabetty Muñoz, entre muchas otras. Al mismo tiempo siguen escribiendo poetas de los 50’, 60’ y 70’, a los que hay que agregar toda la poesía del exilio durante la dictadura de Pinochet.

Esta producción de poetas y poéticas que es la matriz de la poesía chilena más contempo-
ránea, imposible de detallar en este espacio, es el marco en que se mueven las promociones de poetas actuales. Ahí tienes varias generaciones que se asoman a la historia literaria a través de la publicación de libros. Aquí al menos yo hablo de tres grupos de poetas hombres y mujeres: los que publican entre comienzo de los años 80’ hasta mediados de los 90’, en donde se mezclan poetas que venían publicando desde antes (desde Stella Díaz Varín y Alfonso Alcalde hasta Millán, Silva Acevedo, Zurita y Cecilia Vicuña) en confluencia con los nuevos/as (Berenguer, Hernández y Fariña, pasando por Mansilla y Riedemann, llegando a Chihuailaf y Lienlaf).

Un segundo momento que se extiende entre mediados de los 90’ hasta mediados del 2000. Entre las nuevas figuras están Jaime Huenún, Javier Bello, Germán Carrasco y Adriana Paredes Pinda, entre muchas otras. Y un tercer momento que va de los años 2005/2006 hasta los tiempos más actuales. Entre los y las poetas que destacan cito a Ivonne Coñuecar, David Añiñir, Héctor Hernández Montecinos y Daniela Catrileo, entre otros y otras. Cada momento tiene sus características específicas. Surge ya otro momento a partir del 2015, del que no cabe hablar aquí. Eso de un modo muy resumido.

En esta exhaustiva cartografía (y considerando tu propio trabajo crítico al respecto), ¿es Pablo de Rokha uno de los grandes olvidados de la poesía chilena?

Pablo de Rokha es un gran olvidado, pero hay muchos otros poetas. Cito aquí como ejemplos a Efraín Barquero, Juan Marín, Rosamel de Valle, Mahfud Massís, Guillermo Quiñones, Carlos de Rokha, Ludwig Zeller, Rolando Cárdenas, Delia Domínguez o Irma Astorga. Todo tiene que ver con quien canoniza y por qué. Las razones pueden ser políticas, religiosas, clasistas, racistas, machistas, etc. Claro que, en ese sentido, el más importante fue probablemente Pablo de Rokha.

Sería interesante conocer algo de tu experiencia como profesor de literatura, precisamente en estos tiempos en que al parecer el arte en general navega un poco a la deriva.

Trabajé muchos años como profesor de literatura en la Universidad de Santiago de Chile, pero hice mis primeras clases en la Universidad Técnica del Estado en los años 70’, en Filosofía. Eran cursos que se daban para toda la universidad, cerca de 150 estudiantes por clase, porque la idea era que las humanidades debían permear a todos los alumnos. Muchas veces los mejores eran los estudiantes de ingeniería o de matemáticas.

Luego hice clases en muchos lugares del mundo: en la Universidad de Toronto y la Queen’ University en Canadá, en la Universidad de Long Beach y la Universidad de Irvine en California, en la Universidad de Poitiers en Francia y en otros lugares. Pero creo que mi mejor experiencia enseñando literatura y especialmente poesía, ha sido en colegios en diferentes lugares de Chile, desde Iquique hasta Chiloé y especialmente en la zona del Maule, lugar de donde provengo. Siempre me sorprendo de la recepción que tiene la poesía en los niños y los adolescentes, a pesar del constante bombardeo de las comunicaciones virtuales. Porque, además, muchos niños y jóvenes escriben y lo mantienen en secreto hasta que viene alguien y les dice que eso es importante y que deben darlo a conocer. Y allí se establece una comunicación increíble que va más allá de lo acostumbrado o de la tradición de la enseñanza porque entras en la vida de estudiantes, en sus sentimientos, en aquello que quieren dar a conocer y que no pueden hacer por los canales normales.

A pesar de las conocidas problematizaciones al respecto, ¿puede seguir sosteniéndose que Chile es un país de poetas?

Creo que al margen del evidente chauvinismo que implica esa frase, efectivamente Chile es un país de poetas, porque eso lo reconocen en otros países y lugares. Lo que no significa que en América Latina y en el mundo no haya otros países en donde la fuerza pujante de la poesía no sea relevante. Por ejemplo
en Perú, Colombia, Brasil, Cuba y México en nuestro continente; o Italia, Grecia, Polonia, Alemania, Suecia, Portugal, Estados Unidos, por nombrar algunos lugares donde existe excelente poesía, hasta donde sé. Ahora, es posible que todo esto sea sólo un delirio subjetivo y que en todos los espacios habitados por seres humanos la poesía tenga un lugar preponderante.

Agregar que, desde la llegada de Rubén Darío a Chile a fines del siglo XIX, este país que era un lugar preferente de leguleyos, historiadores, banqueros y agricultores, se convirtió en un territorio donde los poetas empezaron a hacer nata. Esto se agravó con la llegada de las vanguardias y la amplia poesía del siglo XX. ¿Las causas? No se sabe. Se pueden arriesgar teorías. Entre ellas, la fuerte insularidad del país encerrado entre montañas, mar y desierto que nos hacen ser cabizbajos, tristones y endogámicos, más aptos para el lirismo que para las largas parrafadas de la prosa. El no haber tenido un lugar preponderante durante la invasión europea, que determinó que los virreinatos estuvieran en otra parte y con ello la cultura que vino de Europa. La mezcla con pueblos indígenas que cultivaban el canto oral y desarrollaron una épica guerrera que don Alonso de Ercilla se vio obligado a cantar. En fin. El tema da para mucho. Para concluir habría que decir que en Chile todos somos poetas, excepto aquellos que sólo se preocupan de atesorar su riqueza.

Solo con fines historiográficos, ¿sería posible reconocer una época de oro de la literatura chilena?

No creo que haya épocas de oro y si las hay, obedecen a razones múltiples, como la apertura de un gobierno determinado hacia la cultura, la creación de instituciones culturales, el tipo de educación y el desarrollo de la cultura dentro de la educación, el papel de los colegios y las universidades, etc. Ahora, es importante cuando hay movimientos literarios trascendentes a nivel internacional, porque eso ayuda como ocurrió con las vanguardias. También el auge de las culturas nacionales como ocurrió a comienzos del siglo XX. Creo que la literatura chilena ha tenido sus altos y bajos en su vida republicana y han tenido que ver con su historiapolítica,socialycultural.

Y en el marco de la producción artística actual, quién crees que ganará la batalla (si se da) entre la creación literaria y la inteligencia artificial.

No hay batalla alguna a mi juicio. La llamada “inteligencia artificial” no es ni inteligencia ni artificial. La inteligencia la ponen los seres humanos a través de los insumos que le entregan a las máquinas. Y los artefactos están construidos con elementos naturales empezando por el ser humano. Su espíritu de reflexión y de creación sigue siendo limitado a la información que se les entregue. Tal vez en el futuro podamos soñar o tener pesadillas con seres artificiales que piensen por sí mismos. Está por verse. Por ahora, creo que podemos discernir todavía, entre una construcción creativa realizada por una máquina o Chat GPT y otra desarrollada por un poeta. Aquí sólo perdería la escritura automática.

Un verso inolvidable, un/a autor/a entrañable, un libro para siempre.

Son demasiados y demasiadas. Desde Kavafis y Omar Kheyyan, incluyendo a Safo hasta algo de Neruda, algo de Vallejo, algo de Mistral, algo de Pizarnik, algo de Olga Orozco, algo de Eliot y de Pound. Libros que leo y releo, los Rubaiyat de Kheyyan, las Elegías de Rilke, los poemas de Francois Villon gran poeta popular del medievo, El cuervo de Poe, los poemas pisanos de Pound, La Tierra Baldía de Eliot, la Balada del Viejo Marinero de Coleridge, en fin, es demasiado. Versos inolvidables, 3. Uno de Neruda: “Porque estas marcas crueles confirman mi existencia”. Uno de Huidobro: “Vivimos para uno que otro momento de exaltación” y el último de Borges: “Mientras dure esta música”.

Sobre el Vino… ¿Tinto o Blanco?

Tinto y blanco. Mis preferidos: en tinto el Carmenere y en blanco el Chardonay.

¿En qué ocasiones?

Ahora y siempre.

¿Viña predilecta?

Me gusta Casa Silva, pero también Viu Manent, Koyle y viña Morandé. No desprecio las tradicionales Concha y Toro, Carmen, Santa Helena, y Santa Rita para recordar a Huidobro. Este Pequén de RC Viñedos que me han traído con tanta delicadeza, también me está gustando bastante. Y sorprendiendo, por cierto.

Un punto común entre el vino y la poesía

El estado de embriaguez dionisíaco.

Como protagonista indiscutido de la poesía chilena contemporánea, ¿con quién queda o quedó una copa pendiente?

Como digo por ahí en un poema “no soy protagonista de nada”. Con Efraín Barquero bebimos muchas copas en su casa, pero se murió de repente y sentí que alguna botella se nos quedó en el tintero. Con Pablo de Rokha porque nunca me junté con él y lo lamento. Pero con su nieto Pablo Massís nos resarcimos.

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