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Fundación Educacional Luis Silva Sánchez: La senda educativa de un inspirador

Promover la identidad cultural y educativa es un desafío significativo en un mundo dominado por la inmediatez y los méritos académicos. Sin embargo, en la provincia de Colchagua, destaca la figura de un maestro que apostó por ofrecer a cientos de familias un proyecto educacional diferente, que por más de 40 años ha forjado una tradición de excelencia académica sustentado en valores que forman personas íntegras para el desarrollo de una mejor sociedad.

POR LAURA PADILLA – PATRICIO MORALES L. | FOTOGRAFÍA CLAUDIA MATURANA N.

La educación debe ser buena para todos”, afirma convencido Luis Silva, distinguido educador de extensa y fructífera trayectoria, exalcalde de la comuna de Placilla y actual Consejero Regional de O’Higgins (Core), quien ha entregado su vida a la enseñanza ininterrumpidamente por más de 60 años, y que inició su más grande proyecto con apenas 11 alumnos en la comuna de Nancagua.

“Por esos años –1980– contábamos únicamente con escuelas públicas y quienes querían proyectarse a una mejor educación debían alejar a sus hijos de sus casas para ir a un internado en otras ciudades. Entonces pensamos en ofrecer una verdadera alternativa educacional en Nancagua e instalamos un colegio en la antigua casa de mi abuelo, El Principito. Los alumnos fueron aumentando con los años y el prestigio por los éxitos académicos logrados. Luego proyectamos dos nuevas unidades educativas, el Colegio San José de la Montaña en Chimbarongo y el Liceo Cardenal Raúl Silva Henríquez en Nancagua. Hoy son más de 1800 los estudiantes, 3500 apoderados y 250 funcionarios los que conformamos la Fundación”, comenta el profesor normalista y creador de la Fundación Educacional Luis Silva Sánchez.

Actualmente esta institución, con resolución de inicio desde el año 2020, entrega educación de calidad y gratuita a estudiantes de diversos niveles socioeconómicos, en las dos comunas donde ha emplazado sus instalaciones. Su esencia se refleja en un modelo que promueve la formación de comunidad desde el amor y el respeto, fomentando la participación de profesores, educandos y apoderados en un proyecto común que busca marcar la diferencia. “Los niños que van a nuestros colegios son distintos. Yo les digo a mis profesores y apoderados que debemos tener un sello que nos distinga y debemos luchar por ese éxito”, plantea el presidente de la Fundación, quien inició su carrera enfrentando la adversidad y que, con el transcurso de los años, se ha convertido en una auténtica inspiración para toda su comunidad educativa.

UN COMIENZO DIFÍCIL PARA UN PROFESOR RESILIENTE

Desde muy pequeño Luis Silva proyectaba su carrera como docente, su madre era profesora y eso lo acercaba a la idea de desarrollar su propia alternativa educacional. En 1965 comenzó a dar clases en el sector de El Quillay, comuna de Paredones, en una Escuela Bidocente donde las circunstancias lo pusieron a prueba y forjaron su perseverancia y carácter ante la adversidad. “Fueron años que me marcaron mucho, yo venía de una familia de clase media donde no tenía mayores problemas. Mi madre era profesora, mi padre apicultor, y además era hijo único, entonces mi vida era cómoda en esos años. Sin embargo, mi paso por El Quillay se transformó realmente en una escuela de formación integral donde tuve que luchar contra la adversidad, la soledad y la pobreza extrema. En esos años no había quién me diera pensión porque no había habitaciones disponibles, entonces dormía en la sala de clases con colchones sobre los bancos. Sufrí mucha soledad y me fortalecí. Luché contra la escasez, la pobreza y el analfabetismo de muchos niños que por aquellos tiempos era tremendo. Para mí esa experiencia fue vital pues me hizo más fuerte y ver la vida de otra manera, me dio las armas para emprender”.

LUIS SILVA INICIÓ SU CARRERA ENFRENTANDO LA ADVERSIDAD, CON EL TRANSCURSO DE LOS AÑOS SE HA CONVERTIDO EN UNA AUTÉNTICA INSPIRACIÓN PARA TODA SU COMUNIDAD EDUCATIVA.

Don Luis también recuerda que, durante esos años, incluso, era complejo conseguir alimento mientras trabajaba como profesor. “En ese tiempo te daban un papelito y te pagaban a los tres o cuatro meses siguientes, entonces uno tenía que sobrevivir con lo que la familia le daba. Igualmente recuerdo con mucha gratitud esa vivencia porque sacó lo mejor de mí para enfrentar las dificultades cotidianas y concentrarme en sacar adelante la tarea como profesor de esos niños en aquellas latitudes tan inhóspitas y rurales. Luego de eso las comodidades ya no eran lo importante para mí”.

EL SUEÑO DE DESARROLLAR UN PROYECTO EDUCATIVO DISTINTIVO

Tras haber trabajado como docente en El Quillay, don Luis se trasladó a la Escuela de Placilla como profesor y luego a Nancagua, donde fue nombrado director de la Escuela de Callejones “Fue una escuela que también me formó y me dio herramientas para ser director, me preparó pedagógicamente. En ese momento soñaba con la posibilidad de tener un colegio, en ese tiempo eran instituciones públicas y disfrutábamos mucho con la posibilidad de una educación distinta”. Posteriormente, llegó a ejercer la jefatura del Departamento de Educación Municipal de esta comuna, cargo que al que renunciaría prontamente para enfocarse con decisión –y por completo– a sus objetivos.

Fue en 1980 cuando decide fundar su propio colegio con la idea de ser «Una real alternativa educacional», lema que rige a su fundación hasta el día de hoy, y que fue pensado para entregar educación de calidad en Nancagua. “Recuerdo con cariño la Escuela de Callejones, esta escuela me entregó las herramientas para inaugurar el colegio El Principito, que posteriormente se trasladó a la antigua casa de mi abuelo”, comenta.
Este primer colegio otorgó el sello que hoy distingue a los establecimientos de la fundación, “Como fundador ha sido un éxito en lo personal haber logrado esos objetivos para aportar al desarrollo de la educación de estas comunas. El Principito en Nancagua marca presencia; el Liceo Cardenal Raúl
Silva Henríquez, también en Nancagua, logra buenos resultados desde sus inicios, en el año 2003; y el Colegio San José de la Montaña, en Chimbarongo, también lleva el sello que caracteriza a nuestro proyecto educativo, fomentando valores como el respeto y la integración de la familia”, afirma el señor Silva Sánchez.
“Entendemos que hoy las familias son diferentes, pero fomentar su participación en la educación es fundamental para el desarrollo de personas íntegras y respetuosas”, comenta Luis Silva sobre el sello de la educación en valores que reciben sus estudiantes, y que también contempla el cuidado del medio ambiente a través de la educación en sustentabilidad, economía circular y carbono neutral. En esa línea, y con plena conciencia de la urgencia medioambiental del planeta, las acciones de esta red educativa –junto a todos los estamentos que la componen– comienzan a concretarse. “Somos la única red de colegios del país que se ha propuesto ser carbono neutral hacia fines de 2024, y para lograrlo hemos capacitado a profesores y alumnos en nuestros tres establecimientos”, agrega Gonzalo Silva Santibáñez, gerente general de la fundación, quien además enfatiza en “el diseño de evaluación y perfeccionamiento institucional constante, sistemático y significativo con el propósito de revisar y monitorear el cumplimiento de la cobertura de planes y programas de estudio y de los objetivos planteados como institución formadora”.
Esta formación integral que se ha consolidado en el tiempo es algo que rescata la exalumna y actual directora del colegio San José de la Montaña, Francisca Manríquez Maulén: “Desde la fundación de este colegio en 1997, hemos formado profesionales muy destacados. Yo soy exalumna de este colegio y después mi perspectiva laboral fue trabajar en este establecimiento como profesora. Creo que el legado se ha mantenido desde aquellos años. Estamos formando estudiantes con sellos valóricos que han destacado en pruebas estandarizadas como el Simce. Durante este año, hemos sido destacados con el mayor puntaje Simce a nivel comunal, lo que ratifica que el camino trazado por nuestro fundador apunta en la dirección correcta. El enfoque integraldispuestohace25años permanece y eso nos destaca”, argumenta la profesional, quien además manifiesta su gratitud por la confianza depositada en sus capacidades para dirigir un establecimiento de certificada excelencia académica y prestigio, que bajo los preceptos de su fundador apunta “a formar estudiantes de bien y personas buenas, que puedan entender al prójimo tal como propone el sello de nuestro el patrono San José, que ayuda al prójimo y empatiza con él”.

RESCATANDO LA IDENTIDAD CULTURAL EN LO EDUCATIVO

Además de la preocupación por el entorno en que se inserta el establecimiento, la actual directora del colegio El Principito, Nicole Aliaga Gálvez, destaca la importancia que tiene para su fundador el trato cordial y ameno con quienes visitan el colegio, para que sirva a la comunidad no sólo en plano educativo sino también en otras actividades que profundicen el impacto social. “Son actividades grandes y elrestodeloscolegiosdelafundación también lo posicionan así. Realizamos, entre otras, la tra-
dicional Fiesta de la Chilenidad también conocida como Kermés en la que participan los padres, apoderados y toda la comunidad”, comenta la profesional, agregando que otro punto importante del significado de trabajar para esta fundación –y que Luis Silva así lo transmite–, es resaltar la importante labor que realizan profesores, funcionarios, asistentes de la educación, y quienes participan de este proceso para que se sientan cómodos y tranquilos trabajando”.

“LO QUE JAMÁS ENTREGARÁ LA TECNOLOGÍA, EL INTERNET, LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, SON LOS VALORES Y LAS HERRAMIENTAS PARA ENFRENTARSE AL MUNDO COMO UNA PERSONA CORRECTA. ESO SE APRENDE EN EL HOGAR Y SE FORTALECE EN NUESTROS PROYECTOS EDUCATIVOS”.

EL LEGADO DE UN PROFESOR VIVE EN SUS ESTUDIANTES

Luis Silva cree que es difícil dejar un legado, pero su vida y trabajo han demostrado lo contrario. Sin embargo, sostiene que, si tuviese que dejar uno, este sería “fomentar el amor. Si no se cultiva se seca. Una vida sin amor carece de sentido, uno tiene que tratar de que lo quieran y hacer cosas para que lo quieran. Mi legado sería que en los colegios se cultivara el amor, porque el amor es vida”.
Don Luis también recuerda con cariño y gratitud a su profesora de sexto de humanidades, la señora Regina Alfaro, quien “me decía la pedagogía te tiene que apasionar y gustar, no es para todos. Cuando la veo le digo, que razón tenía con lo que me decía. La vida me llevó por la senda de la educación y estoy muy contento de haber elegido esa carrera. La recomiendo a los jóvenes porque es una linda carrera. Creo que la educación es un buen camino para el que le gusta, al que no le gusta mejor que no estudie pedagogía, pues es un verdaderoapostolado.Setratade ejercerlaconconvicción,convocación, con mucho liderazgo y profe-
sionalismo, y con la conciencia de que se está formando a los seres humanos del futuro próximo, que tendrán la tarea de engrandecer y guiar a sus hijos, a sus familias, a sus comunas y a Chile”. En esta misma dirección, la directora Nicole Aliaga, afirma: “Uno de los valores que se declaran en el proyecto educativo institucional del colegio El Principito es el amor, y este concepto nace de esta idea de entregar a la comunidad nancagüina un establecimiento donde se eduque a partir de este valor humano”. Don Luis sostiene como principio que, si no existe amor, es imposible educar, y esa es una idea que se mantiene y mantendrá siempre vigente.

“La fundación educacional Luis Silva Sánchez tiene como sello formar estudiantes integrales en todos sus sentidos y aspectos de la vida, formar estudiantes que además de aspectos valóricos y académicos sepan enfrentar una sociedad de la mejor manera posible y con las herramientas para ser adultos integrales”, señala por su parte María Eugenia Díaz Palma, directora del Liceo Cardenal Raúl Silva Henríquez, docente que fue pionera –junto a don Luis Silva– en la conformación del primer establecimiento de esta Red Educativa que nació hace más de cuatro décadas y que hasta hoy se sostiene como un referente educacional de Colchagua.

TRES COLEGIOS CON UN SELLO ÚNICO

La decisión de unificar los colegios bajo una fundación “se tomó como una necesidad porque éramos tres establecimientos diferentes y para hacer notar nuestra acción teníamos que fortalecernos. Entonces unificamos criterios de formación y todo quedó establecido en relación a un sello común que es muy importante cultivar, porque aquellas organizaciones que no lo hacen, van perdiendo su sello en el tiempo, su impronta”, indica Luis Silva sobre el modelo educativo que ha caracterizado por décadas a cada uno de los establecimientos que hoy siguen activos en la provincia de Colchagua, entregando excelencia académica en colegios gratuitos con una formación integral.

Frente al fenómeno eruptivo de la tecnología y su rápido desarrollo, Luis Silva reflexiona con la lucidez que lo caracteriza, y superpone frente a este concepto de la inmediatez postmoderna, la formación integral de la persona. “Hoy en día, es posible acceder al conocimiento que usted requiera en cinco segundos, sólo debe teclear lo que necesita saber y el internet pone a su servicio las respuestas. Lo que jamás le entregará la tecnología, el internet, la inteligencia artificial, son los valores y las herramientas para enfrentarse al mundo como una persona correcta, son las herramientas para discernir sobre lo que es bueno o lo que es malo, las herramientas para enfrentar las diversas exigencias del mundo actual, las competencias e inteligencia emocionales para ser resilientes, para no frustrarnos ante las adversidades: esto no lo enseña la tecnología, se aprende en el hogar y se fortalece, se funde, en nuestros proyectos educativos”.

La impronta de un profesor apasionado ha llevado a los colegios de la Fundación Educacional Luis Silva Sánchez a consolidarse como una real alternativa educacional para aquellas familias que buscan educación de calidad con una formación valórica humanista cristiana. Hoy estos establecimientos son reflejo de un profesor que se formó en la adversidad y sacó adelante un proyecto que sigue vivo, para formar personas que, a pesar de sus dificultades, tengan las herramientas para un futuro próspero, más amable y respetuoso.

 

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