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Mundo Vino

¡Y que viva la torontel

Si bien muchos se declaran cercanos a la idea de Chile como país de patrimonio vitivinícola, aún no se comprende el vínculo que sociedades enteras han construido en torno a variedades de uvas y sus territorios. Tal es el caso de la torontel, variedad histórica, criolla y ampliamente cultivada. Lo extraño es que no se reconoce como una uva propiamente chilena, sino argentina, aunque documentos del siglo XVII, mencionan su presencia por primera vez en nuestro país.

Por Álvaro Tello

Cuando en Argentina suenan nombres de variedades como ‘torrontés riojano’, ‘torrontés sanjuanino’ o ‘torrontés mendocino’, los ecosde éstas quedan impresos como referencias sin muchas opciones de viraje. Son propias de las provincias argentinas, como una suerte de propiedad absoluta.

Entonces, los viñedos de torrontés argentino, si lo viésemos como un histórico cuerpo táctico, fortaleció su musculatura mediante un discurso enriquecido por legendarios argumentos: la torrontés recorre la provincia de Cuyo durante el primer tercio del siglo XVIII. Luego, y ubicándonos en el presente, se descubre su identidad genética, explicándonos que torrontés riojano es una uva proveniente del cruce de dos variedades de los tiempos de la colonia, la uva País (conocida como criolla en Argentina) y la uva blanca Moscatel. Y como fundamento de esa rica historia, el arraigo y resistencia productiva que convirtió al vino torrontés en un producto de aprecio y refuerzo cultural argentino.

Lo que invertiría la historia oficial del torrontés, fue la divulgación de la obra del padre Jesuita Alonso de Ovalle, conocida como Histórica Relación del Reino de Chile, oficializada en Roma durante 1646. El padre Ovalle se remite a todo aquello visto y comprendido del reino chileno en el siglo XVII. Son impresiones dadas con sabrosa ingenuidad y observada detención. En la página 9 del cronicario, una descripción que ha pasado inadvertida, señalando la presencia de varios “moscateles” que calientan las entrañas, y que de “otros vinos hay también blancos que son de estima, como son los de uva torrótes y albillo, otros hay rojos, y tintos, que se hacen de la común uva negra, y de la mollar, y de otras varias suertes (…)”.

Por décadas las señas del padre Ovalle han sido llevadas a descarte. Citando unas las razones –y que parecerá un extraño quejumbre– se discute que podría ser un simple alcance de nombre, y

no necesariamente se refiera a la torrontés que conocemos hoy en día. Aquí yace un problema de comprensión en el origen de la palabra, al no encontrarse explicación de por qué se desplazaría hacia el actual uso de torrontés en Argentina y de torontel en Chile. Aún cuando parece algo obvio.

Ayudaría a entender el conflicto de orígenes comprender que torrótes es una variación de la palabra terratez, adjetivo utilizado en el norte de Portugal para señalar productos que “vienen de una tierra”, o de un lugar determinado. En su libro O Fantástico Mundo dos Vinhos (2012), Euclides Penedo Borges señala que las grafías terrantez y torrontés son igualmente válidas, y han sido utilizadas en el macizo ibérico desde las riberas del Douro a la isla de Madeira, y su uso dependería de los dialectos locales. Como adjetivo, es utilizado para identificar extensivamente a aquellas uvas de un territorio, y no a una variedad en específico. Esto explica que no exista coincidencia genética entre algunas variedades de torrontés que se encuentran en Europa con las de América del Sur.

Estas variaciones de grafía podemos encontrarlas en Sudamérica. Es el caso de torrontés en Argentina y de torontel en Chile, que se entendería como un segundo desplazamiento, y del cual no se encuentran citas y explicaciones. Hasta ahora. El Diccionario de Chilenismos Tomo V, impreso entre 1916 y 1918, re- conoce a torontel como adjetivo, señalando además que “No hay tal, sino torrontés: aplícase a una variedad de uva, blanca […] aplícase también a las vides y viduño que producen este tipo de uvas.” Se explicaría que se trata de un adjetivo chilenizado.

En tanto los avances del centro de investigación INIA Chile, han sido fundamentales en descifrar la identidad genética del torontel chileno. Según los estudios del centro, existe una equivalencia genética entre la torontel chilena y el torrontés riojano argentino. Se trata del mismo cruce o una

misma variedad, que para el caso de Chile, se cultiva desde las regiones de Tarapacá a Biobío, en- contrándose este año algunos viejos viñedos en la región de la Araucanía, todavía no inscritos en el Servicio Agrícola Ganadero.

A razón productiva, durante el siglo XIX el torontel fue entremezclado con variedades francesas; por décadas en el siglo XX, escogida para ir a la mezcla del vino pipeño blanco. Anónimo de cierta manera, en esta última década revive bajo otros encantos.

Se trata de una nueva generación de enólogos que vuelven a poner sus ojos en la torontel, entre los cuales destacan Rodrigo Concha, de vinos COPA, con torontel de Itata; José Ignacio Maturana, de Maturana Wines, con fruta escogida del Valle del Maule. Mezclas las hay, como la de Consuelo Poblete, de Checura, Itata, con un exquisito y fresco moscatel torontel; Tibisay Baesler, antes entrevistada en Peperina, nos dio una primicia al presentarnos su espumante que incluye torontel en la mezcla. La enóloga Laurence del Real, abrió fuego en 2020 con una mezcla de torontel y semillón, y ha sido una rescatadora activa de la variedad a lo ancho del valle de Colchagua.

Toda esta retrospectiva sin un vino que catalice la mejor condición del torontel, dejaría un texto vacío, perdido entre ediciones. El mejor ejemplo de proyección asociado a la variedad le pertenece a viña La Posada y su Torontel 2018, de Colchagua. No es sólo su etiqueta viñeteada aludiendo a la variedad, es su contenido: un vino nítido en aromas florales que, tras años de guarda, comienza a ceder aromas similares a la variedad riesling. Es lo que reconoce como tipicidad,y una que –en el mejor de los casos– llega a una complejidad brutal, al punto de tener un grupo de seguidores de la variedad en la capital metropolitana. No así en Colchagua.

Se entiende: el reinicio histórico del torontel chileno aún no atraviesa por el universo de la narrativa vínica y este texto, véase como un intento de agotar los silencios.

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